Hoy, mientras trabajo, me detuve un segundo a escuchar el silencio de mi oficina. Un silencio que hace 30 años no existía. En los 90, el sonido del progreso era un rítmico "track-track-clac": el latido de la disquetera de 3 ½.
👕 El Orgullo de la Remera Negra
En aquel Montevideo de los 90, ser un entusiasta de Microsoft era casi una distinción. Recuerdo con especial cariño una remera negra, simple, con el logo de Microsoft en blanco. Era mi uniforme de combate. Me llegaban paquetes de prueba, versiones beta y cajas de MSDN que pesaban como ladrillos. Eran tiempos de lanzamientos en hoteles, donde nos sentíamos los arquitectos de una nueva era digital.
💾 La Maratón del Office 4.2
Instalar Office 4.2 era una prueba de templanza. No era "descargar y ejecutar"; era una ceremonia de 25 disquetes. Tenías que estar ahí, firme frente a la PC, esperando el cartelito de "Inserte el disco 14".
Y ahí empezaba el rezo: que no hubiera un error de CRC. Si el disco 23 fallaba (siempre fallaba cerca del final), la prolijidad era tu única salvación. Había que recurrir al original y volver a empezar con la paciencia de un monje.
🌉 Un Pie en el CD y otro en el Magnético
Los 90 fueron ese paralelo extraño en el tiempo. Mientras el CD-ROM empezaba a asomar con sus 650 MB de magia plateada, nosotros seguíamos respaldando Office en torres de plástico magnético. Éramos la generación puente: la que a mediados de la década instalaba el sistema operativo con discos, para que unos años después, ya sobre el final de los 90, la sinfonía de conexión de un módem US Robotics de 56k nos abriera definitivamente la puerta a internet.
🤝 La verdadera trinchera: ASP, Grupo Eidos y la soberanía IT
Con la web explotando, mi verdadera escuela fue la trinchera del ASP. En aquella época, los manuales y cursos del Grupo Eidos eran nuestra verdadera universidad; la biblia en español con la que aprendí a entender los secretos del código.
Pero la teoría necesita práctica, y ahí fue clave mi amigo Gabriel. Él llegó como proveedor externo pero, rompiendo la norma del Estado de comprar sistemas cerrados, no se guardó el conocimiento: me capacitó a fondo y me ayudó a poner en producción el sitio oficial de una unidad ejecutora del MTOP.
Mi mayor orgullo fue lo que vino después: tomar la posta y mantener ese proyecto vivo "in-house". No alquilábamos espacio ni dependíamos de una nube lejana; gestionábamos nuestro propio servidor web usando una línea de Antel.
Empezamos domando el IIS sobre Windows NT 4.0 con esa base que construimos juntos, y tiempo después me tocó a mí capitanear en solitario la migración de toda esa infraestructura hacia Windows 2000.
Esa forma de encarar los problemas —asegurando la presencia digital del Estado a pura transpiración— es la que todavía me sirve. Sea para pelearme con un enchufe inteligente o para entender la Power Platform, la curiosidad y la paciencia que forjé entre disquetes y servidores sigue siendo la misma.
"Cambiamos los 25 disquetes por la fibra óptica, y la remera negra quizás esté guardada, pero la esencia de aquel 'Chico Redmond' sigue intacta."